En un mundo en el que Avatar cuesta lo mismo que salvar al bosque Mau o la nueva refinería de Pemex, vale la pena preguntarse por el futuro del cine de bajo presupuesto. ¿Qué significa hacer cine en la era del CGI blockbuster? ¿Cómo hacer cine a partir de la periferia financiera?
El negocio de transofrmar el dinero en luz y la luz en dinero luce cada vez menos homogéneo en términos financieros. Parece que hay dos maneras de hacer dinero en el cine contemporáneo: haciendo películas extremadamente caras, o extremadamente baratas. Las del primer grupo cuentan ya con medios sobrados para su existencia, difusión y discusión, las del segundo grupo en cambio merecen especial atención de otro tipo de medios. En este tenor dos cintas de horror dignas de mención:
Birdemic – Shock and Terror es una película dirigida por el improbable realizador vietnamita James Nguyen, quien juntando sus ahorros y sobregirando algunas tarjetas de crédito, financió los diez mil dólares que costó su cinta. Todo parece indicar que Birdemic no es muy buena (ver trailer abajo), podríamos decir que es de hecho bastante mala; con pésimas actuaciones, malos diálogos, y bueno, de los efectos visuales mejor ni hablar. Pero como escribe elocuentemente Phelim O’Neill para The Guardian, el espíritu genuino y desembarazado de sus creadores resulta encomiable y hasta liberador para una industria que parece ensimismada en la mediocridad, Birdemic podrá ser muy mala pero se niega a ser mediocre.
Mientras tanto, en la mediterránea ciudad de Cannes, se presentó como parte del festival homónimo hace apenas unas semanas la película Rubber de Quentin Dupieux. La historia —si es que asi se le puede llamar— consiste en una llanta asesina que vaga por el desierto californiano haciendo de las suyas.
Sin haber costado lo mismo que Birdemic, es evidente que Rubber tampoco se benefició de bolsillos profundos. El realizador francés al igual que Nguye tiene además otro empleo: es productor de música electrónica, conocido en ese medio como Mr. Oizo.
Magnet Releasing, la división de películas extrañas de Magnolia Pictures, compró los derechos de Rubber para su distribución en USA. James Nguyen por otro lado cerró un trato para su próximo largometraje en esta ocasión por usd $1M. En ambos casos la constante es que sus realizadores partieron de frugales recursos y encontraron oportunidades creativas precisamente en sus limitaciones. Posiblemente el blockbuster multimillonario no vaya necesariamente en detrimento del cine de bajo presupuesto, sino al contrario, el exacerbamiento financiero parece favorecer en buena medida la ruptura y la búsqueda de nuevos tropos cinematográficos; sospecho que un número considerable de películas se beneficiarían mucho más de un recorte en sus presupuestos que de una ampliación, o dicho de otro modo, si a Quentin Dupieux le hubieran financiado unos usd$100M, seguramente no hubieramos visto a Robert la llanta sentada para disfrutar de su estelar en el festival de Cannes.
— Mr. Soames




